14. Una lección de amor (En lektion i kärlek, 1954)
Comentario anterior.
A diferencia de lo dicho hace una década, la película me ha parecido más disfrutable que entonces, sin que a pesar de ello se eleve demasiado dentro de la filmografía de Bergman. Es evidente que nuestro director, autor en solitario del guion, intentó sacar adelante una comedia a la americana (Lubitsch, Cukor, Leisen, McCarey… como referentes), donde la guerra de sexos adquiere protagonismo. El tono juguetón ya se advierte en el mismo inicio con un rótulo que califica el film como “una comedia para adultos” y la melodía desenfadada de la caja de música con que se abre y se cierra la película (y que merece el subrayado final mítico-festivo del cupido alado entrando en la habitación de la pareja y girando el cartel que cuelga del tirador de la puerta, proclamando “¡Silencio! Una lección de amor”).
Afortunadamente, la “comedia para adultos” está defendida con gran solvencia por una pareja de actores deliciosa: Eva Dahlbeck y Gunnar Björnstrand. Gracias a ellos, a la convicción con la que interpretan a sus personajes, la película se mantiene a flote, a pesar de una estructura en flashbacks un tanto recargada y a que se juegue demasiado tiempo con el engaño al espectador sobre la relación matrimonial de ambos personajes que han “coincidido” en el compartimento del tren (“engaño” que, obviamente, pierde toda su eficacia en una revisión, aunque lo cierto es que es fácil intuir desde el primer momento que en realidad son pareja).
Quizá sorprende ver en papeles secundarios una Harriet Andersson a la que, después de sus papeles en Un verano con Mónica y Noche de circo, se pretende hacer pasar por una adolescente de quince años, hija de la pareja,
de la misma manera que el trágico director de circo del film anterior, Åke Grönberg, interpreta aquí al tercero en discordia, Carl-Adam, el amante de Marianne (Dahlbeck), un escultor excesivo y grotesco.
Mención aparte merece la amante de David (Björnstrand), Suzanne, una sensual Yvonne Lombard que no me consta que repitiera con Bergman.
Hay tres escenas en que Bergman fuerza lo cómico de las situaciones (en mi opinión en demasía, sin el equilibrio del resto del film): cuando Marianne sorprende a su marido con la amante en una habitación de hotel; la accidentada celebración de matrimonio entre Marianne y Carl-Adam que deriva en una pelea,
y la escena de celos e histeria de Marianne con una mujer que se ha insinuado descaradamente a David en un local musical de Copenhague.
En definitiva, una comedia que no desmerece, pero que queda lejos de ser relevante dentro de la filmografía de Bergman, el cual, como curiosidad, vuelva a aparecer en un breve cameo, como pasajero del tren.
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