16. Sonrisas de una noche de verano (Sommarnattens Leende, 1955)
Comentario anterior.
La película se presenta, ya desde los créditos iniciales, como una “comedia romántica”. Y, ciertamente, es lo que es, una comedia de estructura y argumento muy teatral (el guion es original de Bergman, que nunca dejó de ser un hombre de teatro, tanto o más que un cineasta), aunque tanto el director como el director de fotografía, una vez más Gunnar Fischer, saben dotarla de un aire plenamente cinematográfico.
Pero se nota esa voluntad de no esconder el carácter de representación, de farsa, tanto mediante unas interpretaciones corales espléndidas (hay hasta nueve papeles relevantes, además de los secundarios), como en la densidad de los diálogos y el mimo con que se juega con los encuadres y el decorado, incluidos elementos tan destacados como la cama que atraviesa una pared, el pabellón de té, o la proliferación espejos, relojes u otros objetos que llenan el espacio (en una de les composiciones escenográficas más recargadas en el cine de Bergman).
No sorprende que Bergman recurra al teatro como elemento narrativo fundamental, puesto que una de las protagonistas, y en cierto modo motor de la historia, es una actriz, la espléndida Eva Dahlbeck encarnando a Desiree Armfeldt, en su día amante de Egerman.
Pero también hay mucho de teatral en el personaje del conde Carl Magnus, un magnífico Jarl Kulle, al que veremos muy a menudo en próximos films. Él es, además, el responsable de uno de los momentos más tensos y, a la vez, más hilarantes, cuando desafía al abogado Egerman (¿qué decir de la interpretación de Gunnar Björnstrand?, se me agotan los adjetivos cuando se trata de calificar a este actor prodigioso) a un duelo mediante la ruleta rusa (siempre me gusta recordar que hace muchos años tuve la oportunidad de ver en escena, en el Teatre Romea de Barcelona, a Kulle junto a Bibi Andersson, deliciosa actriz que debuta en el cine de Bergman en este film en un pequeño papel, precisamente como actriz).
Y podríamos seguir con el resto del reparto, desde una descarada, seductora y divertida Harriett Andersson, como la criada Petra,
o los jóvenes vírgenes, la jovencísima esposa de Egerman, Anne (Ulla Jacobsson), y el timorato seminarista Henrik (Björn Bjelfvenstam), destinados a unirse en una noche mágica (con Shakespeare y quizá Mozart como influencias a considerar),
sin olvidar a la enérgica condesa Charlotte, que compone una pareja que roza el sadomasoquismo con su esposo.
Película para degustar tranquilamente, dejándose llevar por las interpretaciones y el marco en el que se mueven los actores.




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