26. ¡Esas mujeres! (För att inte tala om alla dessa kvinnor, 1964)



Comentario anterior.

Tampoco en este caso me voy a alargar, y no porque dijera mucho en la revisión anterior, sino porque, como ya apunté entonces, se trata en mi opinión de uno de los films menos logrados y más indigestos del director. Esta vez Bergman quiso hacer una comedia sin reglas, completamente desmadrada, bebiendo directamente del cine cómico, del slapstick incluso. Uno intuye que hubo mucha improvisación y que el guion, firmado por Bergman y su amigo y actor habitual Erland Josephson, era poco más que una guía sobre la cual experimentar con el color.

Y es que si hay algo destacable en el film es que se trata del primer largometraje de Bergman en color. Imagino que él y Nykvist decidieron muchas de las secuencias, como la de los fuegos artificiales, y por supuesto la decoración y el vestuario, en función de lo que querían probar para futuras películas (tardaron aún unos años a volver a utilizarlo, hasta Pasión en 1969).

¿Qué decir del argumento? Es un puro divertimento conducido por el crítico musical y compositor Cornelius (Jarl Kulle), en su visita a la residencia del gran violoncelista Felix (al que no veremos la cara, salvo en un plano lejano en la secuencia de los fuegos artificiales) con la intención de escribir su biografía.

A lo largo de cuatro días, Cornelius va a conocer a las siete mujeres de Felix, y a intrigar e intimar en algunos casos con ellas. Son las “siete viudas”, tal como se las describe al iniciar el film, ante el féretro del maestro. Luego, Bergman pasa a relatar lo acontecido en esos días anteriores, aunque no hay un especial respeto por la estructura temporal ni por la verosimilitud narrativa. Todo es un juego de color y movimiento con un grave defecto, al menos para mí, que no hace gracia.

Los personajes a menudo, sobre todo Cornelius, miran a cámara y se muestran cómplices con el espectador, como por ejemplo en el último plano en que Kulle expresa que eso es el final del film.

Por supuesto, uno puede disfrutar de un repertorio espectacular de actrices, algunas tan presentes en su filmografía como Eva Dahlbeck, la esposa del maestro;




Harriet Andersson, la criada;



o Bibi Andersson, una de sus amantes (que no tendrá reparos en lanzarse a los brazos de Cornelius).



Bergman juega en varias ocasiones a juntar en el mismo encuadre a las siete mujeres, consiguiendo unas composiciones coloridas, aunque un tanto recargadas.



Si en El silencio había pocos diálogos, aquí los hay en exceso, y si en aquella no sonaba más que música diegética, aquí tenemos una banda sonora rellena de música de lo más diversa, de lo elevado (a fin de cuentas Felix es una figura mundial del violoncelo) a lo más popular, a tono con cierta estética retro de los felices 20 y con los pretendidos gags. Por ejemplo, suena repetidas veces ni más ni menos que “Yes! We Have No Bananas” (que, a los amantes de Billy Wilder, seguro que les traerá a la memoria alguno de sus films más famosos).

Film completamente prescindible, solo apto para devotos del director sueco o estudiosos de la evolución de su obra.